Una comunidad de afectos que se va tejiendo en el abrazo del tango y que en su caminar
va generando sus propios espacios de encuentro, reflexión, danza y diversión.


El tango nos sorprende por su magia, por su encanto, por su sensualidad, y nos conecta con nuestra cultura y nuestros abuelos. Nos da la posibilidad, también, de expandir en nuestro entorno sus efectos terapéuticos, sensibilizadores, energizantes y, a través del baile, mejorar la calidad d enuestras relaciones humanas.

En la «Avalancha Tanguera» nos juntamos un grupo de personas de diversas procedencias y edades para «darnos permiso» de sentir y trasmitir la magia del tango. Esa magia tiene la virtud de movilizar los sentimientos de la gente que lo practica y por eso involucra emociones muy fuertes. Al haber vivido la experiencia nos surge el deseo, las ganas, casi la necesidad, de compartir esta experiencia con otros y expandirlo en los lugares que frecuentamos.

Al bailarse en pareja, nos conectamos con nuestra sensualidad, crecemos en el respeto por el otro y aprendemos a ubicarnos en su lugar para adecuar nuestros ritmos, nuestras sensibilidades, nuestros pasos y para que, de dos personas que quizás apenas se conocen, logremos una sola y armónica danza.

Juan Pablo Mirza