
Hoy en día está muy claro que nuestras danzas rurales de los siglos XVIII y XIX, siendo muy parecidas a las Argentinas de la zona central y a las del sur del Brasil, tienen diferencias notorias. Dando por resultado que si bien compartimos danzas con los vecinos, en nuestro territorio se realizaban de modo distinto y particular, con influencias reciprocas y permanentes porque la cultura popular se ríe de las fronteras políticas como enseñaba el Prof. Lauro Ayestarán.
Pero esto que hoy parece claro y establecido no lo era tanto hace cincuenta o sesenta años y se necesito de la intuición científica de Don Lauro y de su incansable tarea de investigador y docente para que todo nuestro patrimonio musical y danzario apareciera diferenciado del riograndense y fundamentalmente del argentino.
Esto es tan solo una parte de lo que le debemos a este uruguayo que sigue siendo indispensable aunque haya desaparecido físicamente en 1966. Se comienza a hacer justicia al darle oficialmente su nombre al Día del Patrimonio, sinceramente esperamos, uniendo nuestra voz a la de su incansable alumno y difusor Coriún Aharonián (ver BRECHA 12/09/03) que los homenajes no se queden en eso y realmente se tome conciencia de la necesidad de continuar su obra, que no tiene fin, ni puede tenerlo.
En ese compromiso venimos alertando sobre la pérdida de rumbo que sufre el sector (numéricamente) mayoritario de la “Danza Folklórica” con relación a la utilización de músicas argentinas y deformaciones coreográficas de diversa procedencia (ver BRECHA 25/04/03 “Danza folclórica ¿de dónde?”) pero no solo se trata de mantener lo ya establecido.
Es necesario enfocar ahora el tema del Tango Oriental como danza perteneciente a nuestro patrimonio inmaterial, hoy virtualmente en vías de extinción.
El Tango es la forma coreográfica más importante del siglo XX y se perfila como una gran posibilidad estética, comunicacional y socializante para toda la presente centuria ya que muchas de sus potencialidades, lejos de agotarse se hallan virtualmente inexploradas.
Como danza no es una cosa única y monolítica, al contrario, como toda manifestación cultural y muy especialmente las que provienen de la tradición popular, es múltiple y polifacética para cada época que se quiera abordar.
Existen tantos estilos de bailarlo como personas que lo han bailado, pero siempre algunas formas prevalecen más que otras, toman un carácter colectivo y marcan grandes cauces, esto mismo ocurre en todas las danzas que se han practicado en el mundo a lo largo del tiempo.
Tengamos en cuenta que la distancia como generadora de diferenciación en la cultura está claramente vinculada con el mayor o menor desarrollo de las vías de comunicación. ´Las condiciones del siglo XVIII y primera mitad del XIX implicaban un mayor aislamiento cultural, principalmente en la campaña, donde vivía mayoritariamente el pueblo y generaba, recreaba, usufructuaba su cultura tradicional, esa que los europeos dieron en llamar “folklore” para diferenciarla de la cultura universal que no necesitaba adjetivos y que por supuesto era la de ellos.
Los años finales del siglo XIX con la campaña expulsando gente y las olas de inmigrantes llegando de europa, generan una urbanización forzada y marginalizante. La mayor parte del pueblo vive y trabaja en los suburbios y esto lejos de atenuar nuestro ancestral conflicto campo-ciudad lo agrava con nuevos componentes.
El siglo XX trae más de lo mismo, agregando el vertiginoso desarrollo de los medios de comunicación que acorta las distancias y hace más permeables las culturas nacionales.
Así el Tango-Danza generado en Montevideo y desarrollado en ambas márgenes del Plata va influyendo en el mundo y recibiendo influencias de él en una dialéctica particular que puede considerar la cuenca platense como un núcleo y las metrópolis culturales de las potencias centrales como otro.
Montevideo ha recibido además la presión directa de Buenos Aires (más intensa por proximidad) y a su vez, también desde la capital porteña la influencia que ella recibe de las metrópolis centrales y que se filtra hacia nosotros en cascada.
Pese a lo cual nuestra forma de bailar, la que han practicado alguna vez la mayoría de las personas de más de cincuenta años, siempre fue distinta a la porteña.
Sin embargo hace unos siete años se viene imponiendo a nivel de los lugares donde se enseña, lo porteño como Tango a secas, sin adjetivos.
Parece no recordarse, que estamos en Uruguay y que el tango es una forma de cultura popular, (o “folklore” ciudadano). Hemos sido sus creadores para el mundo, o a lo menos parte fundamental en el proceso de su génesis, fue durante la mayor parte del siglo XX la reina de nuestros salones, practicada en todo el territorio, en forma espontánea hasta hace no más de treinta años ¿lo hemos olvidado?.
Existe hoy una necesidad social de resurgimiento, que indudablemente se enmarca en la dialéctica de globalidad y contracultura. Debería llamarnos la atención que luego de haber caído en un período de pérdida de vigencia, en lugar de reaparecer (renovado, agiornado, etc.) nuestro Tango, es el porteño, mucho más desarrollado el que viene a ocupar este lugar, con todo el peso y prestigio de la metrópolis local.
Ocurre así, que un joven va a una academia y aprende a bailar el Tango, luego en una fiesta saca a su madre o a una tía que tenía (o tiene) fama de gran bailarina y literalmente no pueden bailar, no se pueden entender.
Entonces ¿quién está equivocado? La persona que bailó natural y espontáneamente la música de moda desde su juventud o el que la aprendió con lujos y figuras en un aula .
Tal vez no se trate de bailarines equivocados, sino que las categorías aparecen borroneadas y es hora de aclararlas. Tenemos una cultura de tradición popular propia y muy rica, así como los países vecinos tienen la suya.
El Tango Danza Porteño, contiene ciertamente una gran belleza que deriva del desarrollo que ellos le han dado y que está vinculado a su peculiar forma de ser. Pero para nosotros es una danza de academia. Tiene el mismo nombre y usa la misma música que nuestro baile tradicional pero no es la misma danza, al igual que la Murga en Argentina, en España y en nuestro país son distintas aunque tengan el mismo nombre y fuertes lazos de parentesco.
Nuestro Tango tiene en este momento menos desarrollo escénico que el de los vecinos, pero posee un potencial invalorable, máxime cuando el formato de show que ellos más han practicado y difundido está llegando al límite de su expansión. Agreguemos que nuestro estilo es mucho más lúdico, intuitivo y de acceso más rápido, lo cual acrecienta exponencialmente su capacidad socializadora.
Las preguntas surgen solas: ¿será nuestra tradicional forma de bailar el tango solo una reserva de insumos para la producción cultural extranjera?, ¿estaremos dentro de algún tiempo importando nuestro propio Tango Danza, ya estilizado y paseado en el mundo por otros?
No vamos nunca a conformarnos con ser provincia cultural, el mundo entero ama el Tango y siempre estará esperando algo nuevo y fresco, nosotros podemos aportarlo y puede redundar no solo en una autoafirmación sino también en una legítima defensa y ampliación de nuestro patrimonio cultural.
El homenaje al Profesor Lauro Ayestarán tiene la posibilidad de transformarse en algo concreto y relevante solo si la sociedad en su conjunto afronta el desafío, desde lo estatal incluyendo ministerios (Educación y Cultura, Turismo) organismos (ANEP, SODRE) Universidad de la República, Intendencias, etc. y desde la sociedad civil con apoyo y coordinación de esfuerzos.
Debe encararse seriamente la investigación de esta área, entrevistando con metodologías adecuadas a todos los uruguayos que hoy ya mayores, bailaron en su juventud, como lo hizo en su tiempo Ayestarán, sumando los nuevos medios técnicos con que hoy contamos. De la misma forma y con la misma seriedad y método debe apoyarse la búsqueda estética para que vaya proyectando los resultados de la investigación en la producción artística.
Homenajear a los grandes hombres es continuar, profundizar y si se puede ampliar su obra, lo demás es retórica.