En este punto, hay que diferenciar entre los orígenes geográficos y los orígenes culturales. Estos últimos se han fusionado tan íntimamente que es imposible reconocerlos, quedando únicamente el convencimiento de que es absolutamente urbano y sub-urbano (arrabalero), y no campero como la milonga, aunque mantenga relación con ésta.
En los orígenes reales, geográficamente pertenece a las sociedades rioplatenses, especialmente las de Buenos Aires, Montevideo y Rosario, aun cuando se reconoce que hay lejanos antecedentes de otros puntos del globo, como Africa, Europa y en general, toda Latinoamérica. El tango responde al proceso histórico de las corrientes inmigratorias masivas desarrolladas a partir de la segunda mitad del siglo XIX, que contribuyeron a aumentar, en casi 6 veces la población existente en 1850, en el lapso de 100 años.
Este proceso, que no tiene comparación con el sufrido ni otros países ni en otras épocas, generó un permanente mestizaje étnico que arrastró de forma natural a un intercambio cultural destacado, producto de lo cual, nace y se desarrolla el tango, inconfundible, sin derivar de otro estilo musical conocido.
Son sus características un producto del impacto de las interrelaciones culturales y étnicas, y hasta el bandoneón, instrumento mundialmente reconocido como símbolo del tango, provienente de Alemania, no se integró al mismo de inmediato, sino que fue necesario un proceso de evolución.
La sensualidad deriva de su origen prostibulario, lugar en donde se ejecutaban piezas que eran bailadas entre los habitués, mayormente inmigrantes que llegaban solos, y las prostitutas afroargentinas, afrouruguayas o indoamericanas, y en su lenguaje propio, el lunfardo, se encuentran expresiones italianas y africanas.
Es justamente gracias a este crisol de culturas, que emerge algo que se ha transformado en música universal. Como si en agradecimiento a todos aquellos inmigrantes que construyeron estas sociedades, el Río de la Plata le hubiera hecho el regalo del tango al mundo.